11.4.16

Abrazame

Buen día, milagro de vivir Otro día alquilado a la eternidad Afuera, la gente se amontona y toma subtes Cajita de música oxidada de los lunes Usas mi remera como pijama y te peinás Tu espalda es la oferta que no podría rechazar Abrazame, abrazame Que afuera el mundo es un desastre Abrazame, abrazame Que afuera es todo un disparate atroz En Morón, en Venecia o en Plutón Yo cierro la puerta del mundo, me trago la llave Y me encierro con vos... Mercenario de tus labios Planeo pasar la tarde así Zambullido en las caricias del sol Afuera, soldados agitando sus banderas La única guerra es contra el olvido Y no vale la pena Saltaste la cama y pones un disco de Serú Girán Entre tu ombligo y mi lengua hay algo personal Abrazame, abrazame Que afuera es todo un disparate En Morón, en París o en Plutón Yo cierro la puerta del mundo, me trago la llave Y me quedo con vos

12.2.16

La guitarra

Si guardo un recuerdo que nunca me dejará 
es éste que mi alma a veces suele cantar. 
Tenía diez años y el mundo por conquistar, 
la luna y mi barrio, humilde y lejos del mar. 
Mi padre tenía las marcas de su niñez 
grabadas a fuego en la piel, 
ni besos ni abrazos, tan duro como un cincel, 
subido a su andamio de noble testarudez. 
Un día de aquellos de lluvia en Paso del Rey, 
me trajo en sus brazos envuelta con un papel, 
sonó la madera, misteriosa y ancestral, 
guitarra, guitarra, mi padre me ha vuelto a amar. 
Les cuento que jamás me pude olvidar 
su voz de tabaco cantó por única vez, 
y toda la casa destilaba arena y sal, 
los pinos y el campo susurraban como el mar. 
Este recuerdo sencillo se los quería contar, 
por que a veces cuando llueve oigo a mi padre cantar.

2.8.15

Mareo

Es como un fuego quemándome en el pecho. Como un monstruo empujando para salir. Un tabique en el medio de mi garganta, un volcán a punto de explotar. Me lastima, me incomoda y me mata. Si no dejo que se libere, me ahogo en mí. Pero si sale... si se libera  puede lastimar y arruinar todo a su paso. Si te daño con estas palabras que tanto quieren salir y tan mal me hacen, voy a asegurarme paulatinamente de que no regreses. Voy a lograr no volver a verte, apagar tu amor. Ya no puedo contenerlo, siento espinas en el corazón y la voz me tiembla. Me duele todo el cuerpo, necesito expresarte que me estoy muriendo. ¿Por qué dedicamos tanto tiempo a escuchar y leer lo que tienen para decir? ¿Por qué alguien leería esto en algún momento? ¿En dónde está el sentido de prestar atención a otros que nos lastiman? Si con mi corazón, sola yo puedo. Puedo proyectar cosas que no lastiman, que no son. ¿Por qué ese empeño en enamorarse? Será que es más rica la vida con sufrimiento que la de la persona que no se arriesga.. Ese empuje desde adentro a lastimarte... a decir esas palabras que sé que vas a odiar.. Es como si mi corazón quisiera dejarte...alejarte.
¿Y vos...por qué querrías escucharme? ¿Por qué te esforzarías por calmarme? ¿Qué te doy yo a cambio de curarme? Es decir, te daría todo pero...no veo equivalencia en amarme.
Perdés lágrimas, historias, besos y memorias. Sueño, cansancio, esfuerzo, ¿estás cansado, no? ¿Vale esto? ¿Vale lo nuestro? ¿Cómo vale? ¿Como romance o como moraleja? Bien sabes que necesito desahogarme. No es lo que pienso, lo que digo. Lo que digo lo pensé pero lo olvidé. Por que lo que pienso-siento fluye y cambia como las estaciones o peor, como el clima. Con el clima. Como el agua que primero es nube y después lluvia y luego charco y también vapor que es niebla y nube otra vez! ¿Ves? No hay estabilidad en nada, nada que nos rodee y cambie va a perdurar. O sea todo, o sea nada. ¿Se va? Nunca. ¿Cambia? Siempre. ¿Para siempre? Nunca. Hay permanencia o eternidad en el fluir de este "todo"? Sí, y todo en realidad es eterno. Hay que aprender entonces a reconocer lo que uno quiso y quiere pero tiene distinta apariencia, distinto parecer. ¿Ves que yo no soy la culpable de quererte lastimar? Es que a veces me levanto con ganas de quererte abrazar y otras te alejo sin dudar, es que no se controla y no se puede remediar. Te odio, te amo, perdón, te extraño.

6.6.15

La mujer que dormía con los ojos abiertos.


La gente duerme. La gente despierta. La gente vive. La gente muere. La gente sueña. La gente dice. La gente escucha. La gente piensa. La gente aterra? La gente.
Ella era mi enigma más permanente. Me podía pasar noches enteras en solitario pensando en esos ojos. Digo ojos porque cuando hay ausencia de conciencia son ojos, sin mirada. Incluso en mis noches solitarias me inquietaba el saber que, en una parte de la ciudad, en un cuarto oscuro y solitario como el mío, estaba ella. Tendida en la cama, con los ojos abiertos. Quizás asustando a otro como yo, incrédulo ante la idea de una posible broma. Es lo que yo pensé las primeras noches y aunque la curiosidad siempre estuvo, jamás se me ocurrió preguntarle por qué dormía así. No hubiese respondido, yo la conozco, hubiese dicho Qué querés desayunar? No se puede vivir así, le dije un día. Me miró extrañada y le dije en tono obvio Sin dormir. Su mirada era de honesta confusión y me explicó que había dormido toda la noche.  Después de esa conversación ya no la volví a indagar y ya que visitaba su cuarto sólo una o dos veces por semana, decidí que no era mi problema. Admito que dormir a su lado se hacía difícil. De hecho muchas veces imposible. Es que, imagínense...Sus ojos eran como los de un búho en el medio de la noche. Vacíos de expresión, quietos en un punto muerto, quizás mis ojos, quizás la pared. Su mentón siempre duro como un cincel y su cuerpo de lado, con la mano bajo la mejilla. Sin importar mis movimientos inquietos, los crujidos de la antigua cama cuando me movía, a ella parecía no perturbarla nada. Era como un trance o un sueño muy profundo. Pero lo que voy a decir  no lo digo de pura fantasía, es cierto que uno puede saber si una mirada tiene alma y les juro, con mi vida, que esta no la tenía. Es decir, cuando era de día y ella se despedía de mí con un beso en la mejilla, esa mirada sí tenía alma. Era ella, estaba viva. Pero cuando dormía, con sus ojos como lunas, no. La sensación de estar observado por esos ojos ajenos a mí e incluso a ella, me podía desvelar una noche entera sin piedad, sin cansancio, sólo yo y esos redondeles negros en la penumbra.
Una noche en particular, esta noche para ser exactos, me decidí a descifrar esa no-mirada. A sostenerla hasta que me diga algo, o ella despierte y me pregunte qué estaba haciendo. No cambió nada. Está todo igual. Se escuchan los aullidos de los perros del barrio y los pasos de los gatos en el tejado. Me hundo con un escalofrío entre las sábanas y suspiro levantando la vista hacia los dos agujeros negros. Estiro mi mano hacia su rostro y acaricio su mejilla, en un tacto para nada tierno o afectuoso, más bien médico y frío. Siento la humedad de las lágrimas que le surgen de esos ojos de par en par, y le surcan la cara como rieles con un mismo origen y destino. Siento incluso un poco de pena. Le dolerán por las mañanas? Los sentirá secos o cansados? Bajo un poco la mirada y observo su cuello, pálido y con algunos lunares constelados al azar. Aún mas abajo se asoman los pechos, un tanto escuálidos, con aspecto cansado y como deslizándose bajo la tela. Pero arriba su tráquea tragó y yo, sobresaltado como un observador que no debería estar entrometiéndose, me dirijo a sus ojos inertes. Nada cambió pero esta noche, antes de acostarnos ella dijo algo que me inquietó un poco y ahora, tendido a su lado en la oscuridad casi absoluta me resuena en los oídos “Por las noches tengo sueños muy extraños, como si viviese otra vida paralela a ésta”.Alejándome precavidamente, casi sin moverme, siento la adrenalina recorrer mis venas, mis arterias, mis capilares, inunda mi cerebro. Y si ella no era ella? Si ahora era alguien más, que fingía dormir mientras me observaba terroríficamente toda la noche, sin otro motivo más que el molestarme o asustarme? con los ojos desorbitados como los de ella, me preparo para la huída o la defensa. Como observando a una fiera a los ojos, a algo sin alma, a ese algo que la habita cuando ella duerme. Mi respiración es acompasada y forzosa, como una bomba a presión. La de ella es impávida y fría, sin calor y sin fin. Sigo viniendo a verla porque ella siempre me espera. Ella sabe cómo amar a un hombre sin pedirle nada a cambio. Ni una llamada por la tarde. Ni un masaje antes de dormir. A cambio sólo debo soportar dormir con su demonio. Hoy ya no puedo, me quiero ir y por alguna razón me siento prisionero de mi reacción. Bajo amenaza de muerte. Quizás sea mi mente, mi imaginación jugándome una mala pasada. Intento tranquilizarme y pensar en la mañana, ese lindo momento en que ella me hace el café y me pregunta con cuántas cucharadas de azúcar, siempre, a pesar de que siempre es con dos. Finalmente mi respiración se regulariza, y mi corazón comienza a latir sin parecer un tambor africano. Estoy en ese trance entre sueño y realidad, a punto de dormirme pero aún sin cerrar los ojos, observando los suyos como en estado hipnótico y ya casi familiar. Mi cuerpo está relajado y mi mente está a punto de olvidar por completo la  sensación de hace unos minutos. De pronto, su voz, cortante como un cuchillo, quizá más grave que de costumbre pero aún suya, sin duda, rompe el silencio del cuarto, aún sin mover sus ojos, fijos en los míos.

-Estoy despierta.

22.4.15

Decisiones

Los circuitos de la vida son inciertos. Creo que uno sabe ya sus limitaciones en cuanto a intentar planearlos. Nos hemos chocado contra la pared cientos de veces, deseando  haberlo sabido de antemano y evitarnos la herida. Pero realmente, ¿eso hubiese sido una solución o simplemente postergar lo inevitable? Es obvio que no podemos detectar lo que va a pasar con nuestros destinos, pero creo que una cosa es segura: Nos va a enseñar cosas. Entonces con eso en mente podemos esperar que las cosas no salgan siempre como las queremos pero, justamente porque el fin de esto es enseñarnos algo. Es difícil agradecer lo que nos lastimó o nos dejó insatisfechos en algún sentido, es difícil siempre mirar más allá. Como una obra que al mirarla de cerca nos muestra su desastre inarmónico de manchones y pinceladas pero, vista de lejos forma algo con sentido. Un simple humano no puede ver más allá de sus intereses, de su amor, incluso de su vida. Quizás tenga sentido cuando nos alejemos unos años, quizás tenga sentido para otros porque nosotros ya no vamos a estar. El destino entonces es algo unificado, algo colectivo y no es propio de las personas. Puede que estemos viviendo historias con moraleja para otros. Lo hermoso del cerebro humano es que nadie sabe qué decisiones vamos a tomar, qué combinación de químicos se va a llevar a cabo para que ése ser humano sea de tal manera. El azar de nuestras moléculas y células es maravilloso. Entonces, el destino es incierto. O no?

9.4.15

Deseos reprimidos

Todos sabemos lo que pasa cuando reprimimos lo que deseamos. De algún momento a otro sale algún día para recordarte lo que no querías querer. Y no es cuestión de que pase el tiempo ya que éste puede curar y borrar todo, excepto el deseo de ser feliz. Si esto que reprimiste es la clave para tu felicidad, no va a importar cuántos años pasen, cuántos pseudo-reemplazos tenga ese deseo. Simplemente va a quedar ahí, quieto. En una caja. En un cajón. En la calle. En forma de foto. En forma de persona. En forma de fantasma. La cualidad de los deseos que nos harían felices es la de llevarnos hacia el sin importar que lo queramos o no desear. Y si lo negamos duele. Y si lo escondemos sale. Sale como un fallido, como una palabrita que parece inocente. Y en el fondo se sabe que ése no sos vos. Porque al fin y al cabo tu deseo te define. No? Es en realidad en lo más puro de su esencia quien realmente sos. Y negarse a uno mismo es como negarse a beber agua o a respirar. Tarde o temprano te termina matando.

23.12.14

Viaje en el tiempo

Cuando el aire salado de la costa golpeaba su rostro, tal como lo había hecho durante tantos años, Galileo dejaba escapar una pequeñísima lágrima que se secaba al nacer. Los recuerdos son cosas extrañas, pensaba. Se te escurren como arena en los dedos. Se te escapan por tanto tiempo, sin poder saber adónde o cómo. Luego, aparecen con otras formas, colores o texturas. Son ellos, ellos mismos...sólo que lo toman a uno por sorpresa y lo arrastran a una marea incontrolable de nostalgia y memorias. Por más que se repita “No quiero recordarlo, no lo voy a hacer”, termina siempre de la misma manera. Él sabía, sin embargo, lo que iba a pasar desde antes que pasara. Viajó hasta allí y se situó exactamente en ese lugar, a esa hora de la tarde por una razón. Su mente se había vuelto débil con los años, y a veces él mismo debía forzar los sucesos para recordar.
Las personas con sombrillas y trajes de baño se habían empezado a ir de a poco. El sol se estaba por esconder del todo cuando él cerró los ojos y dejó que el sonido de las olas lo inunde. con sus manos en los bolsillos perdió un poco el equilibrio y apoyó su cuerpo sobre la baranda frente a él. Dió un suspiro y se entregó a la memoria.

La voz de una mujer, joven y clara empezó a resonar en su cabeza...esperó un poco antes de contestar, quería sentirla con la mayor intensidad posible.
-¿Galileo? ¡Galileo! ¡Te encontré! – Exclamó. Él se acercó a ella con una semisonrisa, saliendo por detrás de un árbol. -¿Cómo es que siempre te escondés tan bien?- le dijo irónicamente mientras se arreglaba el pelo un tanto despeinado. Sus facciones eran suaves y sus ojos misteriosos, como si tuviesen un secreto bien guardado.
-Será que lo tengo que hacer fácil porque vos no sabes buscar tan bien- Dijo él con voz burlona. Se sentó recostando su espalda contra un árbol y luego, con un gesto la invitó a hacer lo mismo a ella. Tomó la mano frágil y blanca de la chica. Estando allí se sentía seguro, sabía lo que iba a pasar porque ya había pasado. Nada podía salir mal. Pero había algo impreciso en cada gesto, cada movimiento. Los contornos no estaban del todo definidos.
-¿Qué es eso? Eso que tenés ahí. – Ella señaló un dibujo a lapicera negra que Galileo se había dibujado en su propia mano.
-Esto simboliza un proyecto mío. Una máquina del tiempo. – Ella sonrió y él la secundó.
-¿Y para que querrías viajar en el tiempo?- Le preguntó risueña.
-Cuando no pueda recordar esto, estos momentos con vos, o cualquier cosa que hayamos vivido mientras fuimos jóvenes, voy a volver el tiempo atrás y los voy a ver con mis propios ojos, como si los volviese a vivir. Mirá, este círculo simboliza un reloj, estas líneas curvas de acá, el volver y la memoria. – Le explicó mientras señalaba respectivamente las partes del dibujo.
-Pero para eso voy a estar yo, para recordarte todo sin necesidad de volver- Él asintió con pesar.¿Cómo podía tener corazón para desestimar una afirmación tan tierna, tan inocente? Ella era todo sol y vida, mirándola en ese instante nunca podría decir que no a una vida juntos.
-¿Por qué no vamos al auto? Parece que va a llover en cualquier momento. – La ayudó a levantarse y caminaron entre los árboles hasta llegar a la ruta. Justo en ese instante comenzó a llover. Una vez sentados, ella se descalzó y subió los pies contra el parabrisas. Hubo un silencio de unos minutos en los cuales Galileo sólo la miraba a ella, y ella a la lluvia. Era algo místico que lloviese en un recuerdo, algo diferente al presente.
-De verdad pensás que yo voy a estar con vos más adelante?...mucho más adelante? -Volteó a mirarlo con expectativa, esperando claramente una respuesta afirmativa. Él le sonrió. Hubiese preferido que no vuelva a sacar el tema, se le haría difícil ocultar por más tiempo sus verdaderos pensamientos. Nunca haría nada para lastimarla, pero ella no pararía hasta oír de sus labios su opinión al respecto.
-No se puede saber eso, por más que lo deseemos...- Pero ella lo interrumpió.
-No todo tiene que ser así, las personas pueden estar juntas para siempre.- Galileo sintió un pequeño dolor en el pecho.
-Para siempre no existe. Todo termina.- Le aclaró él enarcando las cejas. Ella frunció el ceño.- Bueno es que es algo...ingenuo pensar que sólo porque uno quiera algo la vida se lo va a dar.-
-Sólo digo que no tenés por qué ser pesimista. No soy ingenua, sólo optimista.- Se cruzó de brazos mientras miraba por la ventana pero casi enseguida volvió la vista hacia él nuevamente.- Me gustaría poder ver cómo reaccionarías vos si alguien te dice que tu máquina nunca va a funcionar.-exclamó con un tono desafiante. Galileo la miró con escepticismo. A veces olvidaba que hacía unos pocos años atrás ella había sido una niña, recién tenía 18 años.
-Tenés razón, pero que haya más gente que apoye tu idea, no quiere decir que sea más factible.
-El amor existe- Se defendió ella.
-Para siempre no.- Esas palabras salieron de su boca casi sin permiso, y hasta con un tono un tanto enojado. Se sintió apenado.
-Los viajes en el tiempo no existen.- Sentenció, molesta. Aunque se podía leer en sus ojos que el último comentario había causado más que molestia.
-El tiempo existe. Y existe la memoria. Existen los hechos, esto, vos y yo, ahora. Para mi todo esto es real y lo va a seguir siendo de aquí a cincuenta años. Sólo que hay que saber cómo regresar.- Sabía que la podía convencer si quería, pero dejó que siga argumentando sus teorías. No quería derribar sus sueños sólo porque él pensaba diferente. Sólo porque las ideas de ella le parecían tan infantiles.
-Si dos personas se aman, y viven juntas durante 50 años, eso va a ser real durante todo ese tiempo, no sólo por un rato. No van a necesitar volver para recordarlo.- Al decir esto se incorporó como orgullosa de su respuesta.
-¿Podés decir que esas personas pueden vivir todo ese tiempo felices y enamoradas?-
-Sí, eso es lo que yo creo. Yo sé que va a ser así.- La seguridad en esas palabras fue total, él sintió algo tibio en su corazón, como si lo estuviesen abrazando.
-¿Con quién?.- Al oír esto, ella se sonrojó y esquivó su mirada.
-No sé, con alguien que también lo quiera...-
-Podemos juntar nuestras teorías.- Se acercó un poco más y la miró con ternura- Te podría prometer que podemos vivir para siempre como en este instante, con estas sensaciones y sentimientos. Podríamos detener sólo esa parte del reloj, la que hace que las personas cambien y se vuelvan frías o distantes. La que hace que uno se olvide de cuánto amaba a alguien para darle ese amor a otra persona. Podríamos regresar una y otra vez aquí, pero avanzar al mismo tiempo y así pasaríamos nuestras vidas juntos y enamorados.- Ella sonrió un momento pero luego perdió la sonrisa.
-¿Y si algo malo pasa? – Él lamentó haberle metido la idea en la cabeza de que las cosas podían no salir bien, su optimismo e inocencia era lo que más le gustaba de ella, pero ahora ahí estaba, con los ojos asustados y preocupación en su voz. Aceptó internamente toda la culpa por eso y se arrepintió de todo lo que había dicho anteriormente.
-Podemos volver igual, es indistinto.- Le contestó él con seguridad – Pero claro, eso si vos creyeras en mi teoría...-
-Creo en vos. Sé que vas a poder hacer que funcione. - Apoyó su frente contra la de él. Él respiró profundo sintiendo el perfume a jazmín que lo abrazaba y rogó porque el recuerdo no terminara ahí, como siempre lo hacía.
Abrió los ojos y sintió el frío de la baranda de metal que aplastaba su vientre. Se incorporó y parpadeó abrumado. Había sido más fuerte que otras veces, el perfume de ella aún estaba en sus vías respiratorias cuando quiso sentir el aroma a mar. Se miró la mano y observó el tatuaje gastado. Lo acarició un momento mientras se sentaba en un banco cercano. Las arrugas en éste lo hacían lucir aún más viejo, y la tinta se había tornado un tanto verdosa.
Miró hacia la arena por debajo de el muelle en el que se encontraba, eso hizo que su mente le hiciera recordar la sensación de pisarla, sentir las pequeñas y frías piedrecillas incrustarse en la piel y hundirse al mismo tiempo. Y así como si nada, una imagen lo golpeó de improviso, aún más que la primer memoria.
Ella descalza. Ella descalza, con el pelo marrón rojizo totalmente revuelto por el viento. Llevaba un vestido blanco de bambula con muchos caracoles bordados. Recuerda sentirlos bajo sus dedos, algunos más puntiagudos que otros, diminutos. Nunca había estado tan viva, tan hermosa.
-¡Vamos! No hace tanto frío todavía. – Parecía que ella intentaba persuadirlo de entrar al mar pero él no quería.
“No, no quiero recordar esto”. Pero eso no sirve para los recuerdos. Ellos cobran vida propia y lo obligan a uno a regresar. Eso es lo peligroso de forzar a que aparezcan.
-¡Pero yo quiero! Aunque sea de a poco... primero los pies...- Él entonces intentó acercarse pero sintió el frío del agua en sus pies y un escalofrío lo sacudió. No quería entrar. No tenía deseos de hacerlo y al parecer eso le dijo a ella, aunque no podía escucharse a sí mismo hablar una palabra.
-¡Está bien! Si me esperás acá, yo ya vuelvo. – Le aseguró ella mientras se quitaba el vestido y se lo entregaba. Por más que él lucho por no hacerlo, se sentó en la silla plegable que había detrás suyo. Bajó la vista hacia un libro que de repente tenía en sus manos. Quería mirar hacia ella pero no podía, volvía a leer una y otra vez los mismos renglones. No se podía concentrar “...mientras esperaba con el alma en un hilo... bajando por el precipicio...cayó con un grito desesperado”. Grito. Gritos. Levantó la vista y no la vio. Se paró y corrió hasta el mar y miró a su alrededor y hacia el horizonte. Nada. Intentó llamarla pero nada se oía ya. El corazón se le partió en dos.
Sacudió la cabeza y se ahogó en sus propias lágrimas cuando volvió a la realidad. La angustia se apoderó de él y recordó esas palabras “Si me esperás acá, yo ya vuelvo.” “...yo ya vuelvo”. Estaba ahí, en esa playa, en ese mar. Ella no volvió. No volvió más. No podía respirar. Era un día como aquel. El agua estaba muy revuelta, ¿Por qué tuvo que dejarla ir sola? Intento tranquilizarse pero se agitaba cada vez más. Comenzó a caminar hacia el auto y una vez que las lágrimas lo dejaron ver hacia dónde iba, condujo a casa.
Esa noche al cerrar los ojos vio un bosque. Un día de sol brillante pero con nubes amenazantes en el horizonte. A él lo preocupaba que no pudiesen salir a caminar pero ella pensó que estaba bien, faltaba para que llueva. Comenzaron a caminar y ella propuso jugar a las escondidas. Le tocaba a él esconderse y a ella buscar. Se escondió detrás de un roble y contuvo la respiración. El corazón le saltaba con cada paso que oía sobre las hojas. Contenía su risa porque ella decía cosas graciosas para hacerlo reír y así encontrarlo. De pronto la sintió cerca.
Le hubiese gustado decir tantas cosas, que la amaba, que la extrañaba, que no podía estar sin ella, que tenía razón, el amor sí dura para siempre. Pero las personas no, y la vida no siempre es como uno la planea. Ella era frágil y aún no lo sabía, no podía pretender que algo así durara. El mundo no era un lugar suave para que uno pueda vivir de forma indolora y permanente. Era fugaz, pero a la vez eterno. Mortal y crudo, sí, pero también real. Y el amor era real. Le quería decir que él la recordaba todos los días, pero que aún así se sentía solo. Él la veía, la acariciaba, pero no era como algún día lo imaginó. El “regreso” a esos momentos eran cada vez más vívidos pero también cada vez más distorsionados de lo que realmente había pasado. Se estaba engañando a sí mismo. El bosque a veces era dorado y otras veces verde brillante. A veces se largaba a llover y se mojaban, otras corrían hasta el auto y terminaban secos. Lo único nítido y vivo que tenía eran los sentimientos. Todo lo mucho que la adoraba, lo mucho que la extrañaba era inaudito. Sentir esa nostalgia lo hacia estar constantemente con un nudo en la garganta y los ojos húmedos. Había congelado esa parte del reloj, sólo que no estaba ella para compartirlo con él. El miedo lo invadía, día a día sentía terror de que todo haya sido un sueño, que en realidad ella no haya existido. Luego se volvía a hundir en uno de sus recuerdos y se convencía de que había sido real.
-¿Galileo? ¡Galileo! ¡Te encontré! – Exclamó. Él se acercó a ella con una semisonrisa, saliendo por detrás de un árbol. – Siempre supe que ibas a volver. Siempre supe que iba a funcionar.

15.12.14

Cielo estrellado

Con certeza puedo decir que la luna y las estrellas no sólo me guían, sino que me sostienen. Entonces estoy pegada al suelo pero no porque éste me aferre, sino porque ellas me mantienen contra él. Por eso esa sensación aplastante ante el cielo abierto y estrellado. Algún día dejarán de presionar y simplemente vamos a navegar entre ellas. Sé que será pronto porque estaban esperando a que nos encontremos.

17.7.14

Abre el libro y se difumina el recuerdo que creía intacto. Crece en el relato y ya la memoria es un mar de formas que no son formas, palabras que no son palabras, sueños que ya no son sueños. Mueve la hoja.. la cambia. Ese canje tan rutinario ahora era tan exacto, tan encantador, tan preciso, tan necesario, urge entre sus dedos y se arrepiente en su auge, más rápido que su lagrima consiguiente que resbaló... rodó... mojó y se estrelló por su pelo en su pecho. No comunica ella lo que siente cuando escribe, no lo dice con vanas palabras y a su parecer, a su sentir, a su corazón es mucho mejor llorar. Lo que creía olvidado, gana melancolía, lo que alguna vez fue gloria ahora es nostalgia y aquello que no quería irse, que se negaba a desaparecer.. se ha ido tan de pronto, tan de prisa. Sin siquiera sorprenderse por esto, tan acostumbrada a lo que nos tiene ensimismados casi siempre sin quererlo, no logra reaccionar de forma atenta a esta declaración. Es la confesión de ella, de su libro, de su recuerdo, su confesión.

Junio 2009
Sueños brumosos y confusos.
Una vez quise soñarte pero desperté de angustia al verte. Quería verte y sólo podía en mi cabeza.. en mis recuerdos.. en mis delirios. Hundí la cara en la almohada y lloré como hacía mucho no lo hacía. Me había reanimado el dolor. Siempre sirve que te duela para hacerte volver de un estado de inconciencia. En el estado en el cual no sentís, no ves, no llorás, no hablás, no nada. Ese llanto desesperado e incontrolable que salía de mi ser, no se podía apaciguar con ningún pensamiento o recuerdo.. todo lo que llenaba mi cabeza hacía las lágrimas más intensas y con más sentimiento. El dolor. El dolor en el corazón, en el pecho, en la garganta luego de haber reprimido tanto tantas cosas, en mis manos, en mis muñecas, en mis brazos... el dolor y sus múltiples manifestaciones en mí. Levanto la vista y entre las nubes cálidas y húmedas de mis ojos logro divisar unas plumas... un ataque de risa irónica entre los quejidos ahogados empieza a surgir. Todo es tan ridículo. Lográs traspasar hasta la barrera de lo que es pesadilla y sueño. Podés pasar por una de esas hermosas ensoñaciones que mi inconciente espera ansiosamente recrear pero en realidad sufro cada vez que te atisbo a la lejanía y si pudiera no llorartesi pudiera al menos no recordarte...


Septiembre 2009

15.7.14

Ojalá ella esté cuando despiertes

"Supongo que llegarás uno de estos días, espero que hayas descansado, creía que ibas a llamar desde casa de tu madre, pero ya debería saber que contigo no se puede contar para estas cosas, en fin, no importa, quedan aquí las palabras de recibimiento de una amiga, llámame cuando te apetezca, cuando se te antoje, pero no como quien se siente obligado, eso sería malo para ti y para mí, a veces imagino lo maravilloso que sería que me llamases sólo porque sí, simplemente como alguien que tiene sed y bebe un vaso de agua, pero eso ya sé que es pedirte demasiado, nunca finjas conmigo una sed que no sientas, perdona, lo que quería decirte no es esto, simplemente desearte que regreses a casa con salud.(...)"
Poco a poco su expresión se fue tornando seria, luego reflexiva, luego inquieta, le había venido a la memoria lo que la madre le dijo, "Ojalá ella todavía esté cuando tu despiertes", y estas palabras sonaban ahora en su mente como el último aviso.(...)
 "Supongo que ésas eran palabras que necesitabas oir, Así es, Despertaste y todavía estaba aquí, no se durante cuánto tiempo más, pero estaba.(..)" 
A veces nos preguntamos por qué la felicidad tarda tanto en llegar, por qué no vino antes, pero si nos aparece de repente, como en este caso, cuando ya no la esperábamos, entonces lo más probable es que no sepamos qué hacer con ella, y la cuestión no es tanto elegir entre reír o llorar, es la secreta angustia de pensar que tal vez no consigamos estar a la altura.(...)Se deslizaba lentamente hacia el sueño cuando María Paz le susurró al oído, Qué maravilloso sería que me llamases sólo porque sí. Probablemente diría el resto de la frase, pero él ya se había levantado, ya se había puesto la bata sobre el pijama, ya marcaba el número. María Paz preguntó, Eres tú, y él respondió, Soy yo, me dio sed, vengo a pedirte un vaso de agua.

18.6.14

En cuanto hubo salido de la habitación, Lord Henry cerró sus párpados y se puso a reflexionar. Realmente, poca gente le había interesado tanto como Dorian Gray; y, con todo, la loca adoración del mancebo por otra persona no provocaba en él una sensación de molestia, ni el más leve arrebato de celos. Antes bien, le satisfacía. Esto hacía de él un objeto de estudio más interesante. Siempre se había sentido atraído por los métodos de las ciencias naturales, aunque los fines de estas ciencias, por otra parte, le habían parecido triviales e intrascendentes. Y así había comenzado por hacer su propia vivisección para acabar haciendo la de los demás. La vida humana era lo único que le parecía digno de ser investigado. En comparación con ella, todo lo demás carecía de valor. Era cierto que al examinar la vida en su extraño crisol de dolor y de goces, no podía uno ponerse la mascarilla de cristal, ni evitar que los vapores sulfurosos turbaran el cerebro y enturbiasen la imaginación con monstruosas fantasías y sueños deformes. Había venenos tan sutiles, que sus propiedades no se podían conocer a menos que uno los experimentara en su propio cuerpo. Había enfermedades tan extrañas que había que padecerlas si se quería comprender su naturaleza. Y, sin embargo, ¡qué grandioso premio el que se recibía! ¡Qué maravilloso se presentaba el mundo entero ante nuestro ojos! Observar la lógica extraña y rigurosa de las pasiones y la vida emocional y policroma del intelecto; advertir dónde se encuentran y dónde se separan, en qué punto corren al unísono y en cuál marchan desacordes ... ¡qué placer se halla en todo eso! No hay precio demasiado alto si se trata de pagar una sensación.

26.4.14

Opuestos

Incluso en la soledad hay cierta hermosura, en su melancolía. Es casi necesaria, en una relación simbiótica casi parecida a la del recuerdo y el olvido. Esos polos opuestos que suelen atraerse de manera tan necesaria, tan inevitable. En el trayecto vital, uno aprende a apreciar esta manera única que tiene la vida de pasar. Tan irrefrenable y constante. Tan llena de altibajos y contrapuntos. Como una pieza musical llena de pasajes que se corresponden de tal forma que encajan. Y ya no se trata de vivir el olvido como algo malo o la dicha como algo bueno, sino de disfrutar de ambas partes de la obra. Ya no quería mirar el mar porque ella no estaba conmigo. Ahora lo miro porque solíamos hacerlo juntos.

13.4.14

I'll be

The strands in your eyes that color them wonderful,
stop me and steal my breath.

And emeralds from mountains thrust towards the sky
never revealing their depth.
Tell me that we belong together,
Dress it up with the trappings of love.
I'll be captivated,
I'll hang from your lips,
Instead of the gallows of heartache that hang from above.


I'll be your crying shoulder,
I'll be love's suicide
I'll be better when I'm older,
I'll be the greatest fan of your life.

And rain falls angry on the tin roof
As we lie awake in my bed.

You're my survival, you're my living proof.
My love is alive and not dead.
Tell me that we belong together.
Dress it up with the trappings of love.
I'll be captivated,
I'll hang from your lips,
Instead of the gallows of heartache that hang from above

And I've dropped out, I've burned up, I've fought my way back from the dead.
I've tuned in, turned on, remembered the things that you said

12.4.14

El aura


Cuando algunas personas entran a la vida de uno, no hay mucho que se pueda hacer para evitarlo. No si te conectan lazos como otras personas, lugares, encuentros. Y uno no puede volver el tiempo atrás y nunca conocerlas. Tampoco puede simular que nunca las conoció, o supo su nombre o lo que estudiaba, por ejemplo. Y qué pasa si uno se acerca más a esa persona? Si se acerca lo suficiente como para ver sus metas, sus pasiones, sus miedos, sus certezas. Y se va empapando en todo conocimiento que comprenda a ésta persona y su constitución de ser. Se empieza a sentir afecto y ya uno no quiere olvidarla, quiere verla más seguido y compartir esos momentos de largas charlas invaluables que sólo una amistad verdadera puede darle. De esas que parecen playas pero en realidad esconden mucho, muchísimo. Y significan aún más. Estas personas, estos efímeros cofrecitos de secretos, promesas, sueños, esperanzas y resguardos de la realidad, son justamente eso... efímeras. Uno desearía no tener nunca que desprenderse de aquel encuentro casual cada tanto o, de esos otros tan esperados y planeados cuando los horarios de las dos personas son ajustados. Lo que se espera es que esos sueños compartidos, lleguen algún día a cumplirse y la felicidad compartida colme nuestras vidas día a día. Que los caminos se retroalimenten. Por que de eso se trata la amistad. Que todas las risas se puedan compartir porque así son más lindas y llenan más. Y todas las tristezas y dolores también, así duelen menos. A veces la vida tiene otros planes, y hay que saber vivir con eso, me repito siempre desde que una de esas personas se fue. Alguna vez conocieron a alguien tan brillante que les alegraba el día con su sola sonrisa? O que era tan confiable como uno mismo a la hora de guardar secretos? Yo sí. Y ahora que lo escribo, siento que fui muy afortunada. Esos brillitos, esas lucecitas, esos halos que la rodeaban.. siguen acá. No se pueden ir porque se quedaron pegados a las personas que éste ser conoció y acarició. Yo conocí sus sueños y sus deseos con tanta felicidad como a mis propias metas. Yo la abracé cuando ella lo necesitó y recibí su abrazo cuando yo así lo esperaba. Reímos mucho y también compartimos algún que otro dolor. Ahora ya no sé quitarme esta sensación de su presencia lumínica en cualquier risa o chica de pelo largo y castaño. Porque la suelo ver muy seguido, esperando que sea ella.. Por que la última vez que la vi, estaba acostada en mis piernas y yo le acariciaba el pelo mientras charlábamos de la vida y nuestro futuro. Porque sus lucecitas me siguen, pegadas a mi ser como gotitas de lluvia. Y en mi corazón guardo esos momentos de amistad, por siempre-. 

2.4.14

Never met a love like this before

Hay muchas cosas que anestesian nuestra mente, nuestro dolor.- No confundir dolor con confusión.- Las anestesias vienen en muchas formas, ninguna viable a la hora de calmar la conciencia, pero mientras esté bajo los efectos, todo se verá bien. Los recuerdos son lo contrario a una  anestesia, cuando te traicionan y aparecen cuando menos los querés: un aroma, una palabra, una forma, y te disparan al pasado, a ese hecho o persona. Una persona puede ser una anestesia. Una actividad puede ser una anestesia. Dormir. Pensar en nimiedades. Raro pensar que las cosas más lindas funcionan como recordadores y no como anestesia. Entonces ya no estás anestesiado todo el tiempo como yo lo estaba, antes de empezar a escribir esto. Ya no estás para nada exento, por que su recuerdo es como el aire, no se puede escapar. El nombre de esa persona está hasta entre las personas que hablan a tu alrededor, al igual que su pelo, su rostro. Su voz en todas las canciones, su risa en todas las bromas, sus gestos en todos lados. Raro pensar que no puedo ir a casi ningún lugar de esta ciudad sin tenerte in the back of my mind. Ahora ya es como una parte más de mi mente,casi como algo que se da por supuesto. Como si tu voz fuese la voz de mi conciencia.
This thoughts keep me awake at night.



Se fue la anestesia y ahora todo duele. Duelen los golpes viejos y los nuevos. Las palabras, las conclusiones, los argumentos. Todo te hace llorar, te lastima y te sensibiliza. Y valorás el amor, muchísimo. Y extrañás. Extrañás todo y no querés ni que te hablen de eso. 

Miedo

A veces tengo miedo de escribir, no saber con qué me voy a encontrar. Con qué recuerdo reprimido, qué tristeza lejana, con qué conclusión tortuosa. Después, tengo miedo de no poder terminarlo. O que sea muy largo, no poder darle fin. También de que sea malo. De que sea revelador de oscuridades. Que mi texto sepa más que yo de mí misma. Miedo al vacío ese luego de volcarme en la hoja. Miedo a no ser feliz al terminar. En fin, miedo gobernador de vidas. Miedo paralizante, obstáculo de ideas, desahogos, hasta de amores y sensaciones. Entonces me llena, y no me deja siquiera razonar. Empaña la posible atracción hacia una de las pocas cosas que me sirven de catarsis. Y se disfraza. A veces es olvido, a veces es cansancio. Yo sé que es él, pero mi inconsciente me dice que lo ignore. Y lo derivo, lo empujo, lo retraso.. Intento, suspiro, no puedo. Hasta una palabra puede sonar terriblemente errada si se está empeñado en conseguirlo. No puede ser sólo el temor a equivocarse, claro, pero en gran parte ese gana. Qué tal el miedo a perder la sensación previa al desahogo? Qué pasa después de que uno lee su propio producto de emociones? Da temor el saber finalmente qué se siente tener ese peso fuera de uno mismo? El saber que el siguiente paso es enfrentar las propias palabras contándonos de la manera más cruda lo que nos sucede, esa manera en que sólo la falta de tacto y piedad hacia uno mismo pueden tener? Entonces no es "a veces tengo miedo". Es "siempre". Y no es miedo. Soy yo.

10.3.14

About hurting

We tend to see the brighter side of people. We simply assume that they are perfect and we choose to fall for them. We never see the sings, the little things that show us the door to the other side. And we fall. We fall in love with them but still, think they’re perfect. That’s our mistake. They are as far from perfect as we. So we start to see the leaks. The blur. And we get mad. At them. At ourselves for not noticing before. And we get disappointed and we hurt. We cry. We hurt them as well. We leave. What we’re never gonna learn is that they can be loved for their dark side as well. And that they don’t need to hide it, and we don’t need to hide our dark side either. We just got to find that one person.. that person who will know our flaws as well as our qualities and love everyone of them. Don’t get mad if you don’t find that person on time, or ever. It can be hard.. and is very special when you do. But you can try to love the ones you know, knowing their flaws and trying to love them as well. That’s a start. Love is not easy and it isn’t perfect at all. So stop looking for perfection, and start looking for that crazy and completely absurd sensation of madness that love can give you, when you see that imperfect being and still, love it. 

6.3.14

Se puede elegir hacia dónde se va? O es el destino algo tan afirmado que sólo se puede caminar hacia él como un condenado a muerte deseando que su paseo sea lo más amable posible? El saber dónde vamos,  podría cambiar nuestra visión? Por cierto que sí.
Sólo cuando nos hacen una pregunta, a pesar de que nosotros mismos nos la hayamos planteado antes, al oírla salir de los labios de otra persona.. .se vuelve real. Nos choca más. Nos marca y nos obliga a realmente analizarla. Porque tendemos a anestesiarnos. Algo parecido a repetir la misma palabra una y otra vez hasta que pierde el sentido.  Así se pasa el tiempo. Así se pierde. Así se ignora. Así se posterga. Así se vive aún muriendo. Cuando alguien me pregunta qué quiero hacer con mi vida siento que tengo todas las respuestas y a la vez ninguna. Siento que tengo miles de preguntas pero que a su vez carecen de respuesta y esa, justo esa respuesta ronda en mi cabeza pero no sale. No sale por mis labios y ni siquiera se puede encontrar. Como una luz imperceptible, que se sabe que esta ahí pero sin embargo no donde está ubicada. No puedo alcanzarla. Se escapa y reafirma mis dudas sobre lo perdida y confundida que estoy. Y a la vez me da esperanza y me hace sentir segura, segura de que todo va a estar bien. Por alguna extraña razón. Por alguna mágica profecía propia, inventada por .. quién sabe? El imaginario infantil? El sueño adolescente? La fascinación e ilusa esperanza de la temprana juventud? Espero nunca perder eso. La capacidad de siempre esperar lo mejor. Esa luz que brilla y a la vez no se sabe siquiera si está, si es un reflejo de otra, si ya murió y como una estrella lejana sigue alumbrando a pesar de su ocaso. Tal vez no exista. Tal vez es una ilusión. Pero si algo sirve para mantener viva otra cosa, por más que sea la esperanza, o algo tan simple como las ganas... entonces cuenta. Cuenta como todas esas preguntas sin respuesta y todas esas respuestas sin preguntas. Cuenta como todas esas estrellas que miran los enamorados pero que probablemente ya estén muertas. No sé realmente la respuesta, no sé siquiera si algún día la voy a tener... lo que sí sé es que mientras la busque, voy a vivir, y mientras la pierda, la voy a seguir intentando encontrar.  Tantas veces como pueda voy a dejar que mi corazón naufrague, con seguridad volverá a encontrarse. 
No sé cuál es nuestro problema, el de los seres humanos. Nos aferramos a lo efímero, nos abrazamos a lo frágil. Una persona, un lugar, un momento, un objeto. No aprendemos nunca a desprendernos. No aprendemos a ceder. Nos duele cada paso hacia delante, cada etapa superada. Nos cuesta superar viejos sentimientos, los seguimos releyendo una y otra vez. Hacemos de todo para revivir cenizas que nunca más serán llamas. Apretamos, asfixiamos, nos lastimamos. Y este ciclo puede seguir, de por vida si es el caso, o puede terminar bruscamente y dejarnos un agujero enorme. Nosotros le damos esa importancia. Nosotros manejamos el tamaño de esa cicatriz. Un pequeño raspón puede convertirse en corte profundo si no se deja cicatrizar. Todo tiene que pasar. Todo está destinado a ser finito. Y sólo lo que sentimos...lo que pasa dentro nuestro, puede hacer de algo efímero algo inmortal. Como un amor que nunca se olvida, como una persona que nunca se va... a pesar de que se fue hace rato. Esas cosas que están hechas para irse, y se quedan para siempre. No sé qué es en el desarraigo lo que tanto asusta, lo que tanto duele. Quizás la soledad, lo que venga después, el vacío, que no se pueda llenar. Lo desconocido, lo que nunca pasó aún, asusta. Nos da miedo crecer. Nos da miedo avanzar. Nos da miedo olvidar. Nos da miedo cambiar. Le tememos a la base de la vida: la evolución. La memoria es un espina venenosa para quien sufre y una caricia para quien recuerda con amor. Todo depende de cómo aprendamos a desprendernos. 
I’m trying to keep my calm, I can’t go any further.
I’m just searching for a place, please tell me where to find it.
I’ve been like this almost my entire life, or at least what I can remember.
I also remember I could felt, but not anymore.
I would appreciate the sun on my skin, the wind on my face,
The touch of your hand, your whispered words in my ear.

I know I’m not the only one who’s searching,
I know that you’ve felt it too, do these tears are here to stay,
Or is this just temporary?
Am I going to be allowed to live again? To heal my brain?
Do this tears are here to stay?

I’m In a place I can’t call my own. I don’t feel like I belong.
There’s so much trash around me, I wouldn’t know how to leave.
So I sing this song, I spend the day … daydreaming.
So this is how it is?
So this is how it’s going to be?

Don’t break me, don’t touch me, don’t even look at me.
I just wanna be another shadow, something you’ll ignore.
Somehow I like it, I like to be ignored.
So don’t love me, don’t love me anymore.

Don’t say that you need me, I don’t even need me.

El tren

Ella le dedicó una sonrisa y lo dejó perderse en la multitud. Se escuchó de fondo el silbato del tren y miró hacia delante sin importarle que él la seguía mirando. Seguramente ya se podía relajar. Todos estos días dando vueltas, ordenando papeles, preparando maletas, todo para éste momento. Suspiró y sacó un anotador.
“Sueño lo que sueño porque soy lo que no quiero”.
Se puso los anteojos y contempló inerte su propia caligrafía. ¿Significaba eso que estaba decepcionada? ¿Había dedicado toda su vida a convertirse en una persona que no se agradaba a sí misma?
La tinta lentamente se formó al papel y no hubo vuelta atrás. Eso quedaría grabado para recordarle por qué se iba. Por qué aceptaba un trabajo tan lejos de su flamante marido con la excusa de que pagaban más.

“Vivir sin alegría, sin tristeza y sin miedos”

Cuando pensaba en alguien sin emociones, pensaba en una persona sin vida. Viva, sí, pero muerta de esperanza. Esperanza de crecer o de cambiar siquiera. Si no se teme a nada, no se desafía nada, y uno queda en el mismo lugar, pensó. Cambió de enfoque: ¿Qué pasaba cuando había decidido dar el “sí” a ese hombre que conocía hacía apenas dos años? ¿Y qué son dos años en comparación de toda una vida? Acarició el papel para comprobar que la tinta se había secado y mojó sus labios nerviosa. Otra verdad. Imperturbable sobre el papel. Se limitó a pensar que eran sólo ideas, su vida no era así. Su vida era lo que ella hacía con su vida.

“A veces añorando, se llega a vivir de recuerdos”

Otra vez se retrucaba. No podía seguir así. Tenía que parar. Suspiró y se le escapó un gemido de ligera angustia. Temía perder todo por añorar algo que nunca conseguiría. Pero, al fin y al cabo, ¿qué era su “todo”? ¿Era él? ¿Su trabajo? ¿Ella misma? ¿Es posible perderse a uno mismo?, pensó. Dudó en torno a esa pregunta. ¿Acaso se había perdido ya? Sintió que el tren arrancaba. ¿O ya había arrancado antes? Miró al asiento frente a ella y había una mujer mayor observándola ávidamente. Bajó la mirada hacia su anotador y sintió que quería que nunca nadie lea sus anotaciones. No quería ser esa persona. Escribir cosas sin sentido y desesperanzadoras en un tren en el que quizás no quería estar y temiendo perderse. Era él quizás su salvavidas. Lo que la sacaba a flote de sus propios pensamientos. Sí. Ahí se alegró. Recordó. Recordó que cuando ella se sentía sola y empezaba a anotar frases, él aparecía y de un momento a otro ya no anotaba más. Y se sonrió a sí misma mientras jugaba con su pelo. O incluso antes de subir al tren, él le guiñó un ojo y le dijo que todo iba a estar bien. ¿Él sabía? ¿Sabía que ella iba a sentirse así? ¿Tanto la podía conocer después de dos años? Después de todo ¿Qué es el tiempo? ¿Quién dice cuándo es suficiente y cuándo no? Quizás él la conocía más de lo que ella se conocía a sí misma. Perdió el hilo. No recordaba si el tren ya había arrancado o no. Cerró los ojos y se concentró. Odiaba cuando pasaba esto. Tocó su bolsillo y sí.. las pastillas estaban ahí, pero no las quería tomar. Aunque temía demasiado lo que podía llegar a ver.. a veces aterraban. Abrió los ojos con terror y de repente, como cuando se quita una bandita de golpe. Él estaba ahí, en el asiento contiguo al de la señora mayor. Al principio la miraba atentamente, como buscando algo en ella. Luego se relajó en una sonrisa y bajó la mirada al anotador. Ella lo guardó lentamente sin perder contacto visual y le preguntó por qué estaba allí. El tren arrancó y se llevó con ella la esperanza de que él se pudiera bajar.

Caught you in the middle.


You were dreaming when I first saw you, Classic meeting, everybody has something to dream. Hoping for the best, I tried to open your eyes. When you saw me, I realized, that there’s always a person that loves more than the other.. only that I wish it wasn’t me. Talked a while, laughed sometimes, dreams are the most unexpected lie. Then it happens, our walk didn´t end so well, and you went to another road. I didn´t blame you, I caught you in the middle, in the middle of another walk. 

26.12.13

Yo sabía

Ella me miró y yo supe. Cuando se alejó y dobló la esquina, yo sabía. Le había dicho a todos que era por dos meses pero yo, sabía. Cuando me sirvió el vaso de agua que le pedí después de hablar de los lugares que visitaría, no necesité palabras. Ni siquiera gestos. Me contó su plan de no volver, su secreto bien guardado hasta ese instante.
Ella no era la misma desde que él nos había dejado. Sé que de alguna manera había buscado una respuesta y por mucho tiempo vagó perdida. Ahora que recuerdo, hasta puedo decir el momento exacto en el que creo, encontró la respuesta. Un día de verano, acostada en el pasto mirando al cielo. “Si me muero, me extrañarías?” Sí, claro. Respondí con tono de obviedad. Ella soltó una risita a modo de respuesta y nada más. Después de eso hubo otro cambio drástico en ella. Como el de cuando él se había ido, sólo que esta vez, por el contrario, empezó a hablar más y a volver a sonreír. A los ojos de todos había sido positivo pero para mí algo ocultaba. No su dolor. Eso no. Era más como una asimilación del dolor mezclada con otra cosa. Su respuesta. La salida que ella creía haber encontrado. Suspiré mientras lo recordaba. Cuando anunció el viaje, temí. Dijo que quería ir adonde él había muerto. Y después seguir el viaje a el lugar favorito de él, visitar los lugares donde él estuvo, y así iba a poder morir en paz. Esa última parte era lo más inquietante. Todos le expresaron su aprobación, diciendo que le iba a hacer bien y a ayudar a recordarlo en sus momentos más felices.
Me miró sólo por un instante, creo que por reloj no podría haber sido más que un movimiento de la aguja de los segundos. No se detuvo en nada particular, excepto en mis ojos, diciéndome todo sin decir nada. Me estremecí y un escalofrío recorrió mi espalda. Quería decirle que no lo haga. Que no se vaya. Después no me creí capaz de ser la culpable de causarle más dolor. Tampoco de quitarle ese alivio que ella había encontrado. La iba a extrañar, le dije con la mirada. Nunca la había abrazado tan fuerte en mi vida, como antes de doblar la esquina. Nunca le había dicho tantas veces cuánto la quería. Ella no lo halló extraño, eso me confirmó que había interpretado bien su mirada. Era todo una despedida. Empecé a recordar y todo coincidía. Cuando me pidió las fotos viejas la semana anterior, y hablamos de las muertes de nuestros padres. “Creés que estará en el cielo? Que nos los vamos a encontrar allá?” Le dije que prefería no pensar en eso y ella dijo que algún día iba a pasar. Estaba segura. Antes de irse le pregunté si se iba a cuidar y se me quebró la voz. Me sonrió, y rompió en llanto. Segundos después se limpió las lágrimas y caminó en dirección contraria a mi, diciendo que me iba a extrañar. Pero después, después de que dobló la esquina, me desesperé. Quise correr detrás de su auto y gritar que no se vaya. Lo hice pero ya estaba muy lejos. O tal vez me vió, pero no frenó.
Cuando me llamaron, yo sabía. Sabía ya cuando había doblado la esquina, sabía cuando me sirvió el agua.

20.5.13

Infinity

That's the way you make me live, thinking you might come back, always about to cry. Feeling guilty all the time, punishing me for not loving you back.

"I feel infinite"
He was watching her sleep, while he thought about that feeling not yet forgotten but still, a little blurry." I got myself and I got her and infinity". He said, just about to tell her that he loved her "I love you and infinity" Because, if all we got is today and tomorrow never knows, we might be as well infinite"

La mañana del no te quiero

Mientras ella se peina en el baño, él canta "Love is all you need, love is all you need" desde la cama y el sol se esfuerza por entrar entre las endijas de la persiana. Ella piensa "Nothing's gonna change my world" y prefiere ignorarlo, o hacer que lo ignora. Vuelve a la cama y no lo quiere abrazar. Lo abraza y decide soportar. Él la besa y la estruja y le dice que la quiere. No sabe si sonríe por felicidad o por lo irónico. Nadie lo sabe, sólo ella y un par de desconocidos al azar. Cuando le pregunta si lo quiere, siente que tiene que decir la verdad, pero prefiere que esa noche no, y le dice que sí. Piensa "I just wanna tell you, it takes everything in me not to call you", y piensa en el otro. Ése que nunca le dijo "te quiero". El que por él lo dejaría todo, sólo porque sabe que él nunca se lo pediría, porque no le interesa.
Cuando se levanta a la mañana junto a él, soñó dos veces y ni una fue con él. No entiende por qué pasa ésto, y sigue pasando, pero se obsesiona con lo que sabe que no va a tener, y se desinteresa por lo que ya tiene. Y así pasa el tiempo, y nunca va a saber lo que realmente quiere.